Hablar de actividad física y alimentación suele llevarnos, casi de manera automática, al terreno del “yo”: lo que yo como, cuánto peso yo tengo, si yo hago ejercicio o no. Sin embargo, las decisiones cotidianas sobre moverse y comer se toman en contextos profundamente colectivos: barrios, escuelas, familias, grupos de amigos, equipos deportivos y redes de apoyo. En ese entramado aparece un sujeto que rara vez nombramos, pero que organiza buena parte de lo que hacemos: el “nosotros”.